Otra mirada a la educación

Miryam Pérez nos explica su acción en la cooperativa educativa Mayrit Escuela Activa

Nombre actividad:  Cooperativa educativa (Mayrit Escuela Activa), más concretamente es una cooperativa de familias, sin ánimo de lucro, que ha creado y gestiona un colegio de pedagogía activa de infantil y primaria.

Localización actividad: Madrid, Carabanchel

 

¿Qué papel juegas, qué función tienes en esta actividad?

Mi papel es ahora mismo doble: soy trabajadora de la cooperativa (llevo la secretaría del centro) y, a la vez, formo parte del Consejo Rector, que la gestiona de forma desinteresada (sin cobrar dinero alguno) junto con el resto de familias.

 

¿Cómo te acercaste y desde cuando estás vinculada?

Somos familia fundadora, junto con otras cinco, de esta cooperativa. El colegio abrió sus puertas el pasado mes de septiembre aunque el proyecto lleva trabajándose desde hacía dos años. Mi pareja y yo nos incorporamos hace año y medio, cuando en la escuelita libre dónde llevábamos a nuestro hijo nos enteramos de que había algo en marcha. Algunas familias de allí junto con otras, estaban preparando un proyecto de escuela de primaria, en cuanto nos enteramos decidimos involucrarnos. Finalmente quedamos seis familias que hace un año decidimos dar el salto y empezar con todo: búsqueda de espacio, organizar el papeleo, difundir y buscar a 24 familias que necesitábamos para empezar… Ahí fue cuando empezamos a arriesgar de verdad, había que estar muy loca o muy convencida de que las cosas se hacen así, a golpe de esfuerzo y de fe ciega para que puedan fructificar.

 

¿Por qué estás, qué te motiva a estar allí?

Estoy en este barco subida porque el proyecto es pequeño, sencillo, sin ánimo de lucro, con ninguna expectativa de crecer para lucrarse o por sed de ambición. Porque busca mirar a la persona de forma cercana, con respeto y admirando su dignidad. Porque, como su propio nombre indica (Mayrit significa canal de agua), es un proyecto que busca ser canal de vida que fluya y se expanda.

Porque no es un lugar perfecto, porque ninguna de nosotras/os lo somos, y porque el proyecto perfecto no existe, todos tienen sus límites. Nuestras limitaciones económicas son evidentes, no somos accesibles a todo el mundo, ya que como proyecto auto-gestionado debemos costear entre todas las familias el mantenimiento del colegio y esta cuota, por desgracia para todas/os no es asumible por muchas familias. Pero aún así, todas las familias que están en Mayrit son de clase obrera, de la zona sur de Madrid o del llamado “cinturón rojo”, algunas poblaciones del sur de la comunidad que están pobladas de gente trabajadora y sencilla de ideología de izquierdas.

Estoy aquí porque es la muestra patente de que las/os ciudadanas/os nos podemos organizar para construir futuro juntas/os, para crear los espacios llenos de vida que nos niegan insistentemente desde otras instancias. Porque el poder puede ser de la gente y la capacidad de reunirse, organizarse y elaborar una respuesta ante lo que no crees digno es nuestra.

Estoy aquí porque la educación necesita de otra mirada. Permitir otros tiempos para las niñas/os,  mirarles con otra mirada diferente, darles tiempo, respetar procesos, admirar su capacidad de hacer su propio camino creativo de aprendizaje. Crecer con amor en la escuela, sabiéndote respetado, es un sueño precioso que intenta abrirse paso en Mayrit cada mañana.

 

¿En qué te ayuda como persona y como creyente?

Yo creo que a todas las familias que hemos arrancado con este proyecto nos late algo en el corazón que nos lleva a interrogarnos sobre cómo ha podido ocurrir, hay algo de maravilloso y a la vez misterioso que no alcanzamos a creernos del todo: ¿cómo hemos podido llegar a crear todo esto? Han sido muchas las dificultades, los disgustos, las montañas que parecían imposibles de subir… el camino ha sido largo y cansado. Pero ha habido algo profundo, el sentir que hay algo más fuerte que nos une a todas las familias que estamos en la cooperativa, seamos o no creyentes, y es la esperanza de crear un mundo mejor, más humano y más justo porque con este cole facilitamos que los niños crezcan respetados en su individualidad y a la vez aprecien el ser comunidad y convivir compartiendo: sin competitividad, sin falsos protagonismos, desde la paz… creyendo en el ser humano y en la naturaleza. Y justamente, en el proceso de creación de esta cooperativa y de esta escuela, las adultas y adultos hemos tenido que pasar por esos valores para poder llegar a crear, en este esfuerzo titánico, un espacio así para los pequeños. Si no hubiésemos creído en la compañera/o de al lado, en nosotros mismos y en las familias que aún estaban por unirse y que ni siquiera conocíamos hasta hace unos meses, tal vez no hubiese podido ser Mayrit. Pero creímos en nosotras mismas, que podíamos hacerlo y confiamos. Creyentes y no creyentes, echando la vista atrás, fue lo que hicimos, juntas.

Creo que el testimonio como militante cristiana de izquierdas que le dejo a mi hijo es que nada es imposible si crees en ello, que las utopías están para trabajárselas y para creérselas. Y que confiar y creer en el otro/a es lo que hace que el mundo pueda ser transformable, vivible como seres dignos y enteros.

 

¿Qué experiencia de transformación social estáis haciendo?

En estos momentos creo que hay dos experiencias paralelas que se están desarrollando en el proyecto: Por un lado el empoderamiento como padres/madres, familias que quieren ejercer su libertad para elegir la educación de sus hijos/as, creer en que la educación puede ser otra cosa y hacerlo realidad es realmente ilusionante y esperanzador. Además creemos que es una forma más de trabajar por la tan necesaria transformación de la educación, hay varias “patas” que sujetan una acción transformadora en este sentido: una es desde dentro de la escuela pública (fundamental y prioritaria por su accesibilidad), otra es la acción conjunta de propuestas educativas, alternativas o no, unidas en una red o colectivo que aúne reivindicaciones, etc (hay varias trabajando en este sentido aunque aún no tienen fuerza para visibilizarse lo suficiente), y por último las respuestas colectivas que plantean que otra educación es posible y real. Nuestro proyecto estaría incluida en esta última y creemos que puede ser el lugar dónde profesionales de la pública puedan agarrarse para señalar que otra escuela es posible y se puede hacer, sin complejos y sin miedos.  También para las familias puede ser punto de referencia a la hora de exigir a la institución educativa y al sistema educativo otra forma de hacer: sabemos que hay otros caminos y queremos que la educación vaya por ahí.

Por otro lado, la experiencia de saberse dentro de un colectivo, dentro de una red de familias que trabajan en el mismo sentido está siendo un espacio de vivencias profundas y transformadoras que a muchas/os les está haciendo pararse a pensar y plantearse muchas cosas. Hay familias que no vienen en absoluto de haber estado implicadas en ningún colectivo/ cooperativa, etc. Y su experiencia está resultando ser muy reveladora, sienten que han encontrado un espacio dónde se sienten protagonistas, partícipes de algo más grande y que les hace encontrar al otro/a como compañero de viaje en un camino plagado de esperanza.

Se están descubriendo valores como la capacidad de esperar al que no está en el mismo momento que tu, respetar al que piensa diferente, escuchar a todas/os por igual, valorar la aportación del compañero/a que ofrece lo que sabe hacer, lo que es.

 

¿Cómo es valorada por los receptores, los participantes, por el barrio?

Los niños lo están disfrutando, son felices, van contentos al colegio y forma parte de sus vidas porque además también es parte de las vidas de sus padres. La participación tan activa de las familias hace que los peques también lo sientan como algo más suyo: mamá clavó aquella estantería dónde pongo mis dibujos y papá estuvo trayendo las cajas de los libros que ahora leo, de aquella biblioteca que donó. En definitiva es un organismo vivo, lleno de momentos intensos que a todas/os los que lo han tenido cerca les ha llegado como un poco torbellino.

Los papás y las mamás, lo valoran como espacio de referencia. Para las asociaciones del barrio y en concreto para la dinamizadora vecinal de la zona, nuestro proyecto está siendo muy bien acogido. El ayuntamiento de Madrid actualmente sabemos que está a favor de nuestra iniciativa y esperamos que toda esta promoción de la participación ciudadana que está empezando a bullir a nivel de distritos sea favorable para todos y facilite el conocimiento mutuo y la unión de sinergias.

 

¿Cómo superas / superáis los momentos de dificultad?

Cuando estoy cansada, cuando estoy en momento difícil acudo al testimonio de otras mujeres de la cooperativa, algunas madres solteras o divorciadas, madres que después de su jornada de trabajo dedican su tiempo, parte de sus horas de sueño, para poder seguir alimentando y re-creando este proyecto común, que nosotras/os llamamos comunidad consciente. Y doy las gracias al Padre/Madre por tener la suerte de poder caminar junto con estas mujeres luchadoras, trabajadoras y soñadoras, de las cuales aprendo cada día que todo podemos superarlo echando ganas, cariño y sentido de la justicia.

En el equipo del consejo rector intentamos superar juntas los momentos difíciles echando kilos de amor, kilos de cariño y de fe infinita en que todo se solucionará. Tal vez en algún momento llegue un agujero difícil de superar, pero, como dice un papá, compañero del Consejo rector: “Que nos quiten lo bailao”. Ser felices es algo que nos ha regalado la vida, y así es cómo celebramos el estar aún en pie con un proyecto como este: celebrando la vida.

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