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M. Lluïsa Geronès: «En los pequeños actos está la salvación del mundo»

Charla del Viernes Santo en la Pascua ACO en Can Bajona

La aportación de M. Lluïsa Geronès, en la mesa con los presidentes de ACO, sirvió para hacer un trabajo dinamizado por la tarde.

«Viviendo en tiempo de urgencia, y ahora ¿qué hacemos?», este fue el título de la charla del Viernes Santo en la Pascua de ACO que se hizo en Can Bajona a cargo de M. Lluïsa Geronès Estrada. M. Lluïsa fue profesora de Literatura y considera la escolarización fundamental, algo que va más allá de los contenidos, «lo importante es dar herramientas a los niños y adolescentes para poder vivir lo que les tocará vivir, que será muy duro». También fue cofundadora hace veinte años de la Asociación Àkan, con el jesuita Santi Thió, con el propósito de acompañar a personas migradas sin recursos y también experimenta desde hace años precariedades de salud crónicas. Actualmente, también da clases a 24 mujeres migradas «profundamente analfabetas» y forma parte de un equipo de Justicia y Paz de Girona. Desde esta realidad dolorosa, M. Lluïsa constató que «siempre estamos viviendo un Viernes Santo continuo y largo y no sabemos cómo puede acabar el resto de años que nos quedan para vivir». Pero, después de mostrar una serie de rostros de niños de diferentes lugares del mundo, dijo que, «a pesar de nuestro desgaste, ellos nos interpelan y nos dicen que tenemos que hacer algo, que tenemos que salir adelante».

Este movimiento de salir adelante se corresponde con la búsqueda del sentido de la vida y aquí citó a Virginia Woolf: «¿Qué sentido tiene la vida? Esto era todo: una sencilla pregunta; que con los años se hacía más acuciante. Nunca se había producido la gran revelación. La gran revelación quizás no llegaría nunca. En su lugar había los pequeños milagros cotidianos, las iluminaciones, pequeñas luces que de repente iluminaban la oscuridad.»

En este punto, M. Lluïsa recordó la importancia de los mediadores, todas aquellas personas que nos han acercado a Jesús y nos han traído hasta aquí, en su caso, primero la fe transmitida por su madre y, a continuación, unos curas implicados socialmente, la llevaron a militar en el evangelio desde la adolescencia. Su vida también ha sido determinada por la maternidad: primero unos hijos biológicos y después «otros que la vida ha ido trayendo» y de diferentes orígenes.

Por la Asociación Àkan han pasado personas que huían de guerras, víctimas políticas, mujeres víctimas de la trata… con un único propósito: ofrecer acogida y escucha. «Las personas que llegan es porque algún círculo se ha cerrado, ya sea a la persona o a su familia, y se tiene que tomar la decisión de marchar y encararse a un destino del cual se ignora todo y casi siempre solo. Aquí se abren cuestiones referidas al viaje: ¿De quién se puede fiar?, ¿Se cuenta con recursos o no?, ¿Habrá compañeros en el camino?», relataba M. Lluïsa. Todas estas vivencias, muchas asociadas a la pérdida (ver morir a compañeros en el trayecto, el trauma de la guerra…), conllevan unas facturas psicológicas y tener que atender a «personas traumatizadas, con el sistema en alerta y siempre pasando el radar para detectar amenazas y en cualquier momento puede estallar este volcán».

Acompañar a los sufrientes transforma

Acoger todo esto significa «escuchar, compartir e intentar buscar salidas», por un lado, y «ensanchar tu mundo, ganar horizonte y cambiar personalmente», del otro. «Cuando marchas de un lugar que has visto el dolor, no eres el mismo y si te has quedado igual, insensible, pide ayuda», dijo. En este compartir, hay personas que lo hacen por pura humanidad y otras lo hacen desde Dios: «Dios habla por medio de cada cosa que nos encontramos y que vemos. Tendríamos que preguntarnos: ¿Por qué Dios me ha puesto esta persona en el camino? ¿Qué espera Dios de mí?»

Y es precisamente en este contexto de caos, dolor y desesperación crecientes que descubrimos «la grandeza de las pequeñas cosas: compartir un vaso, sentarse con alguien en casa, lavar un plato… Esto es la salvación de la vida. Cuando todo se rompe, estos pequeños actos toman el valor de todo el mundo», defendió. Aquí tienen centralidad los cuidados, que son complejos, y recordó que «Jesús no tendía a cuidar a las personas más guapas o más fáciles. Dios nos envía a cuidar los que son más difíciles: los que no nos responderán o lo harán de malas maneras… Lo que pongo a prueba cuando cuido a los otros son mis valores, mi opción de vida. Desde mi interior me pregunto: ¿Por qué estoy haciendo lo que hago? Y esta donación no se hace en función de la respuesta que se obtenga». Y desgranó:

· Heroicidades, podemos hacer, pero la cotidianidad es el día a día, irla salvando. Constantemente hay gente que salva la vida del mundo, desde los pequeños actos.

· Amemos la cotidianidad, con calma, tranquila, valores cálidos.

· Reafirmémonos en el camino de Jesús: buscarlo, comprenderlo, vivirlo por dentro, una y otra vez. Es la única solución ante el desastre que vivimos.

· En estas experiencias, inevitablemente nos preguntamos: ¿Por qué lo haces? Recordemos el impulso, el motivo, el compromiso y estar preparado porque las dudas y las frustraciones vendrán.

· El discernimiento continuo es la brújula ante las tormentas sucesivas.

Esperanza resistente

A continuación, M. Lluïsa confrontó optimismo y esperanza: «Creo en la esperanza resistente, es una opción. Busco que esta historia vaya bien, que los otros estén bien. Estoy aquí para dar vida y hacer mi parte, no dejar pasar el tiempo sin más (muchos no saben ni porqué viven ni porqué mueren). La vida tiene valor cada día de acuerdo con lo que vivimos, ser coherentes y auténticos dentro de un mismo. Este ser tozudos en la esperanza no nos lo puede quitar nadie.» E hizo algunos apuntes sobre nuestros tiempos: las necesidades básicas (trabajo, vivienda, salud, educación), el hambre, la pobreza, los conflictos, la desaparición de la alteridad, la ética y los valores espirituales, hacernos responsables del otro, las tensiones y los enfrentamientos, la vulnerabilidad del mundo, las muestras de poder a que asistimos, las prisas y las distracciones, las voces silenciadas…

Y todo esto lo llevó a cómo nos posicionamos:

· Sed de plenitud, la vida tiene que ser más de lo que yo vivo,

· El amor, ¿cómo puedes llegar a amar?,

· Si tenemos palabra, ¿para qué la usamos? Hemos perdido la costumbre de saludar, parece como si hubiéramos perdido el afecto por el otro, somos extraños y este no es el camino,

· La plegaria, cuidar la parte interior, la contemplación, el silencio, el encontrarse con uno mismo para saber hacia dónde vas,

· Posicionarnos frente a la violencia,

· El acompañamiento mutuo: cuidarse uno mismo (es una lección que uno aprende poco a poco a lo largo de la vida) y cuidar a los otros,

· Experiencias muy humildes y sencillas,

· El sufrimiento en la vida, todos tenemos que afrontar la experiencia del dolor físico y psíquico,

· El valor de la presencia,

· El valor de la incomodidad que nos hace mover: la enfermedad, la fragilidad, la necesidad de ser sostenido.

Y preguntarnos si podemos ir a la periferia de nosotros mismos, allá donde el mal hace daño. «¿Somos capaces de saltar este pequeño círculo?», retó M. Lluïsa y aportó diferentes testimonios: Butros Nicola Bazia, un tozudo de la esperanza; Irena Sendler, la persona que ha salvado más niños judíos; Dieudonné Nzapalainga, cardenal de la República Centroafricana, gran constructor de la paz y luchador por los pobres; Sojourner Truth, esclava que, una vez en libertad, luchó siempre por los derechos de los negros y de las mujeres; o san Felipe Neri, procedente de clase acomodada, dio su vida a los otros, apasionado de Dios, gran catequista. Todos podían haber hecho otros caminos y optaron por ayudar los otros y entregar la vida.

Y finalizó citando a José Antonio Pagola («despertar el hambre de justicia y amor en el mundo»), a Etty Hillesum («Tenemos que asegurarnos, María, que Dios esté en buenas manos, a pesar de todo») y a Rachel Carson, para pensar ¿dónde está nuestra fuente, de donde mana? «A veces, uno va tan lleno de vida, de hechos… No podemos ser indiferentes a los otros, a la Tierra, formamos parte del Todo, hay una profunda fraternidad en todo. El único sentido de esta vida es el paso de Jesús de Nazaret, la afirmación que vivir merece la pena si te abres a la inmensidad que es el otro y todo lo que lo rodea. Para poder llegar a decir en paz: He hecho mi parte», concluyó.

A continuación se produjo un debate con varios militantes de ACO donde M. Lluïsa volvió a subrayar la importancia del acompañarse los unos a los otros y de tener grupos, «no podemos ser islas». En este sentido, valoró el hecho que una familia tan grande de militantes celebraran juntos la Semana Santa: «Esto es un milagro, una proclamación de la esperanza, un recorte de cielo. Vosotros sois la esperanza resistente. Cuidar el movimiento y la vida del grupo es esencial. Que nadie lo ponga en entredicho, al movimiento, con las puertas muy abiertas para entrar y para salir; si ACO ha llegado a vuestra vida es por algún motivo. En esto tenéis que ser muy cuidadosos: poner mucha atención en los lugares difíciles donde estáis, la soledad es muy dura. Sois responsables y tenéis que cuidar este tesoro que es ACO. Sin etiquetas, aceptémonos, trabajémonos.» También recurrió a san Pablo para explicar que es fuerte cuando es débil: «Saco la fuerza de la fragilidad y la defensa ante las injusticias. Cuanto más frágil eres, eres más fuerte, cuanto más enfermo, cuanto más experimentas que eres cojo, cada vez eres más fuerte en la debilidad.»

A continuación puede consultarse la presentación de la charla de Viernes Santo:

Trabajo dinamizado por la tarde

Al acabar la exposición y el diálogo, cada persona escogió una palabra de esta lista: Esperanza, Fragilidad, Responsabilidad, Presencia, Vínculo, Cuidado, Justicia, Camino, Comunidad. A partir de la palabra escogida cada persona tenía que pensar en un pequeño hecho de vida que sirvió para hacer la presentación en el marco de los grupos de trabajo (uno por cada palabra). Antes del encuentro en el grupo cada participante recibió una hoja con tres círculos concéntricos dibujados, con el objetivo de situarse en este “tiempo de urgencia”:

  • El Núcleo (¿Quién soy y dónde estoy?): En el centro, escribe tu nombre. Responde brevemente: En medio del ruido actual, ¿dónde encuentro mi silencio o mi “Fuente”?
  • El Círculo Medio (Actitudes): Escribe qué actitudes dominan hoy tu vida (ej: miedo, espera, servicio, cansancio, esperanza). ¿Cómo me posiciono ante la fragilidad?
  • El Círculo Exterior (Intereses): ¿Qué realidades ocupan tu pensamiento o tu tiempo? (ej: familia, gente mayor sola, precariedad, cambio climático). ¿Qué “injusticia” me quema más?

En el rato de compartir se trataba de fijarse en “¿Qué me ha sorprendido al dibujar mis círculos?”. A continuación se trataba de destacar lo más relevante de la charla de M. Lluïsa Geronès y qué llamadas sentimos. A partir de aquí, cada cual tenía que escribir una acción minúscula pero real bajo la frase: “Y tú, ¿qué harás?”. Que sirvió para construir un mural colectivo: “Y nosotros, ¿qué haremos?” y un debate final respecto si hay alguna acción que podamos hacer como grupo o comunidad.

Nube de palabras a partir del trabajo de la tarde.

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