El miércoles 10 de junio fue un día muy especial para los católicos y católicas de Cataluña. El papa León XIV vino a la Sagrada familia para celebrar la Eucaristía y bendecir la torre de Jesús, la torre más alta de una iglesia de Europa. Era el sueño del gran Antoni Gaudí. La torre más alta pero por debajo la montaña de Montjuic, porque como él tenía claro, “ninguna construcción humana puede ser más grande que la naturaleza creada por Dios”.
Fue una tarde-anochecer muy emotiva, muchas horas esperando, muchos controles, pero, verdaderamente, mereció la pena.
La celebración Eucarística muy buena. Participar en la misa presidida por el Santo Padre, seguramente no me volverá a pasar. Fue un gozo inmenso y me hizo arraigar todavía más mi Fe. Más de 4.000 personas rezando, participando, haciendo Comunión, es una maravilla.
Los músicos, cantores, todo ello me hace sentir que formo parte de una gran familia.
La Bendición y el discurso del Papa, perfectos. Y todo lo que continuó después, también. Precioso. Tocó el alma de todo el mundo, incluso, hablando con personas no creyentes, me dijeron que algo se les removió por dentro.
El lugar, inmejorable. Todos conocemos la Sagrada Familia, una preciosidad por dentro y por fuera. La obra de un genio sencillo, creyente, seguidor de Jesús y coherente con su pensamiento como creyente y enamorado de Jesús.
Una experiencia para recordar toda la vida y llevarla en el CORAZÓN.




